
Por Mariela Caruso
Como si fuera un triángulo amoroso, la relación entre la Asociación del Fútbol Argentino, Torneos y Competencias y Clarín se rompió. Y dejó algunos corazones, y unos cuantos bolsillos, destrozados.
Mucho se especula en estos días respecto a las acciones legales que llevará adelante la empresa Televisión Satelital Codificada contra la AFA y los clubes que forman parte de su Comité Ejecutivo, quienes secundaron la ruptura del pacto que los vinculaba hasta el 2014. Pero lo cierto es que, a pesar de que Julio Grondona se convirtió en objeto de crítica a raíz de este conflicto, durante 20 años estuvo al frente de la institución y nadie pareció sentirse afectado por ello; inclusive cuando se hizo público su vínculo con la dictadura de Videla.
Lo que finalmente sucedió, fue que todos los actores de esta contienda se transformaron a la vez, en víctimas y victimarios: la AFA al reclamar dinero para cancelar obligaciones atrasadas (principalmente sueldos); TSC al reclamar seguridad jurídica para sus negocios, y el gobierno al reclamar por los goles secuestrados.
Y, para completar el panorama, algunos involucrados opinaron que los buenos negocios deberían quedar en manos privadas, ya que el Estado sólo debería dedicarse a desembolsar plata, sin recibir nada a cambio. Marcelo Bombau, Presidente de Torneos y Competencias, declaró: “Si (el Gobierno) realmente quiere ayudar, ¿por qué no le da los 600 millones y le dicen 'me lo devolvés cuando puedas'?”. Suena absurdo.
Es evidente que la disputa en torno al fútbol, acaloró los ánimos. Y no es para menos, mucha plata y pasión están en juego. Y por eso este conflicto también debería abrir paso a un debate social que cuestione algunos temas urgentes: la violencia que sobrevuela al fútbol como un fantasma, dentro y fuera de la cancha; las pérdidas de los clubes a pesar de los pases millonarios de los jugadores, del merchandising de los clubes, de la televisación y de los alquileres de los estadios; los grandes negocios de TyC que llevaron a la quiebra a pequeños cableoperadores del interior; la relación entre barras bravas y dirigentes. Y un sin fin de etcéteras.
Es decir que en esta contienda nadie es ni victima ni victimario; nada es neutral ni mucho menos inocente. Principalmente porque el fútbol, así como está planteado, engendra y reproduce violencia: la de los pases millonarios, la de los clubes con problemas financieros, la de los hinchas, la de los sueldos atrasados. En este contexto, y corrigiendo las palabras de la Presidenta, los goles no fueron secuestrados, fueron negociados; se comercializaron, en todo caso.
Mucho se especula en estos días respecto a las acciones legales que llevará adelante la empresa Televisión Satelital Codificada contra la AFA y los clubes que forman parte de su Comité Ejecutivo, quienes secundaron la ruptura del pacto que los vinculaba hasta el 2014. Pero lo cierto es que, a pesar de que Julio Grondona se convirtió en objeto de crítica a raíz de este conflicto, durante 20 años estuvo al frente de la institución y nadie pareció sentirse afectado por ello; inclusive cuando se hizo público su vínculo con la dictadura de Videla.
Lo que finalmente sucedió, fue que todos los actores de esta contienda se transformaron a la vez, en víctimas y victimarios: la AFA al reclamar dinero para cancelar obligaciones atrasadas (principalmente sueldos); TSC al reclamar seguridad jurídica para sus negocios, y el gobierno al reclamar por los goles secuestrados.
Y, para completar el panorama, algunos involucrados opinaron que los buenos negocios deberían quedar en manos privadas, ya que el Estado sólo debería dedicarse a desembolsar plata, sin recibir nada a cambio. Marcelo Bombau, Presidente de Torneos y Competencias, declaró: “Si (el Gobierno) realmente quiere ayudar, ¿por qué no le da los 600 millones y le dicen 'me lo devolvés cuando puedas'?”. Suena absurdo.
Es evidente que la disputa en torno al fútbol, acaloró los ánimos. Y no es para menos, mucha plata y pasión están en juego. Y por eso este conflicto también debería abrir paso a un debate social que cuestione algunos temas urgentes: la violencia que sobrevuela al fútbol como un fantasma, dentro y fuera de la cancha; las pérdidas de los clubes a pesar de los pases millonarios de los jugadores, del merchandising de los clubes, de la televisación y de los alquileres de los estadios; los grandes negocios de TyC que llevaron a la quiebra a pequeños cableoperadores del interior; la relación entre barras bravas y dirigentes. Y un sin fin de etcéteras.
Es decir que en esta contienda nadie es ni victima ni victimario; nada es neutral ni mucho menos inocente. Principalmente porque el fútbol, así como está planteado, engendra y reproduce violencia: la de los pases millonarios, la de los clubes con problemas financieros, la de los hinchas, la de los sueldos atrasados. En este contexto, y corrigiendo las palabras de la Presidenta, los goles no fueron secuestrados, fueron negociados; se comercializaron, en todo caso.
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