
Madre, tu hijo no ha desaparecido.
Madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca,
y en cada gesto tuyo me nombra.
Lo veo en mis luchas y me acompaña
entre las llamas de cada nueva batalla.
A las madres de mayo
Ismael Serrano (1996)
Madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca,
y en cada gesto tuyo me nombra.
Lo veo en mis luchas y me acompaña
entre las llamas de cada nueva batalla.
A las madres de mayo
Ismael Serrano (1996)
Por Mariela Caruso
Una de las funciones de la entrevista periodística es que el lector recupere, a partir del enfoque del autor, las cualidades interesantes, molestas, queribles, admirables u odiosas respecto a la persona o grupo social retratado. En el reportaje realizado a la señora Hebe de Bonafini en la pasada edición de la Revista Rolling Stone (RS143), Alejandro Seselovsky repasa la vida pública y privada de la entrevistada, intentando descubrir a la mujer detrás del mito.
La retórica cómplice y la metáfora fácil no fueron recursos suficientes para dar cuenta de un personaje tan complejo, por lo que el reportaje se ve sucesivamente desbordado por reflexiones como “Tiene la complejidad ideológica de una canción de Ricardo Arjona”. Semejante frase podría interpretarse como una burla, lo cual hace evidente que, más allá de la actitud condescendiente del autor, la entrevista no le hace justicia ni al coraje ni a la fuerza de voluntad de Hebe.
El peso histórico de un personaje como el de ella no debería provocar afirmaciones como “Su ignorancia, por momentos, produce una ternura sobrecogedora”; simplemente porque no debería importar que los enunciados de Hebe sean simples. Describirla como una mujer “rústica” e “ignorante”, le quita todo el peso histórico acumulado durante años de lucha, que van más allá de compartir su forma pensar o de decir ciertas cosas.
Nadie que no haya pasado por una experiencia trágica como la que miles de familias vivieron a partir de marzo de 1976, puede entender cabalmente de lo que son capaces esas madres, abuelas e hijos que, impulsados por el odio, la impotencia y el dolor, salieron a reclamar justicia y a marcar de cerca a los asesinos de sus seres queridos.
La nota parece haber buscado hacerle justicia a Hebe. Pero no. Porque no hace falta haber leído a Gramsci o a Trotsky para darse cuenta de los niveles de dependencia, humillación y vergüenza a los que han sido sometidos pueblos enteros. Tampoco hace falta ser un gran teórico de izquierda para entender que el hambre y el maltrato se sienten, no se teorizan. Y, básicamente, porque no hace falta ser un gran letrado para comprender lo que la última dictadura militar hizo en nuestro país: los resultados están más presentes que nunca.
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